A finales del 2024, los autores Daron Acemoglu y James A. Robinson fueron reconocidos con el prestigioso premio nobel de la economía gracias a sus estudios sobre cómo se forman las instituciones políticas y económicas y cómo es que afectan la prosperidad de cada país. Estas ideas fueron resultado de décadas de investigación y trabajo fue resumido en el libro que estos dos publicaron en 2012, llamado Por qué fracasan los países. A través de muchos ejemplos, como la colonización de América, la revolución industrial, la pobreza en África y, una de las más interesantes, el caso de Nogales, donde comparan el norte (Arizona) y el sur (Sonora), los autores fueron capaces de desarrollar su teoría y ofrecer soluciones.

Los autores empiezan el libro mencionando por qué algunas teorías no sirven para explicar el éxito de cada país. Como dicen en el libro: "La causa de que los países pobres sean pobres no es su situación geográfica, ni su cultura, ni el hecho de que sus líderes no sepan qué políticas enriquecerán a sus ciudadanos." Argumentan que un país no es rico ni pobre dependiendo de su ubicación, clima o acceso a recursos como el petróleo o el oro. Tampoco depende de su cultura, ya sea individualista, colectivista o centrada en el trabajo, ni de su religión. Y mucho menos porque sus líderes sean ignorantes, ya que todos tienen la capacidad de tomar buenas decisiones pero no lo hacen para no perder poder o para beneficiar a pocos.

Lo que ellos proponen es que el éxito económico de un país es resultado de buenas instituciones, no al revés. Estas "buenas instituciones" son descritas como instituciones políticas y económicas "inclusivas". Es decir, instituciones o gobiernos que practican la democracia, mantienen un sólido estado de derecho, reparten el poder de manera amplia y promueven la innovación social y libre competencia. Por lo contrario, las instituciones "extractivas" son aquellas que concentran el poder en una elite, benefician a pocos y hacen difícil el desarrollo y la libre competencia, resultando en una economía fracasada.

El caso de Nogales es una de las mejores representaciones de esta teoría. Nogales, Sonora y Nogales, Arizona son dos ciudades separadas por nada más que un muro. Tienen el mismo territorio, clima, cultura y su población proviene de los mismos orígenes. A pesar de estas similitudes, hay una diferencia inmensa entre la calidad de vida que se vive de un lado y el otro del muro. De un lado, la gente tiene acceso a servicios públicos de salud, electricidad, teléfono y transporte de alta calidad, mientras que el otro no. De un lado, los ciudadanos tienen la oportunidad de recibir una educación de alta calidad, pero del otro la mayoría de los adultos no han terminado la secundaria y muchos jóvenes no van a la escuela. De un lado, el estado de ley y orden permite a la gente salir a la calle con la seguridad de que ellos, ni sus propiedades ni sus negocios serán robados, mientras que el otro es dominado por la delincuencia. Para un lado, la democracia es algo natural, mientras que para el otro, es algo nuevo.

Reconocer el porqué existen estas diferencias es una respuesta muy sencilla: Nogales Arizona tiene acceso a instituciones estadounidenses y Nogales Sonora a instituciones mexicanas. En Estados Unidos las instituciones económicas permiten a la gente elegir libremente su trabajo, recibir formación educativa y profesional, y motivan a sus empleados a desarrollar la mejor tecnología. Sus instituciones políticas les permiten participar en procesos democráticos, eligiendo a sus representantes y reemplazándolos en caso de comportamiento inadecuado. En México, las instituciones fueron creadas de otra manera y no han creado razones tan atractivas para que emprendedores o empresas inviertan.

Con la victoria del PAN en el 2000, se comenzaron a ver cambios, pero no se rompió el círculo por completo. Morena surgió como la respuesta a este sistema, con la promesa de reducir el poder de las élites y arreglar la desigualdad. Pero ya que tienen el poder, se han aprovechado de la fragilidad de las instituciones para debilitar la autonomía del país y modificarlas a su favor, como lo han hecho tratando de acabar con el INE y destruyendo el Poder Judicial. Así, lo que parecía ser un cambio, ahora se ve más como un regreso a las instituciones extractivas.

Como respuesta a este fenómeno, los autores dicen que la solución está en apoyar a aquellos que realmente promuevan la democracia, repartan el poder dentro del país y representen la voluntad de la población. Es necesario construir instituciones políticas y económicas inclusivas duraderas que busquen devolverle su poder al estado de derecho y la autonomía al país, mientras se impulsa la competencia y la innovación. Un proceso que no ocurre instantáneamente ni se puede lograr por una sola persona, pero que, con el tiempo, permitirá combatir la corrupción y, posiblemente, entrar en el proceso el cual ellos llaman el "círculo virtuoso".